En la enfermedad estamos acostumbrarnos a tratar únicamente el cuerpo físico, pero el avance de la medicina pasa por tener en cuenta otros aspectos fundamentales de la persona si queremos logar un nivel mayor de eficacia en los tratamientos así como una sanación completa y duradera. Me estoy refiriendo a tratar al enfermo como un todo, sin separar su parte física, mental, emocional y espiritual.

Toda enfermedad tiene su origen en un desequilibrio energético del cuerpo, esto ya lo sabe muy bien la milenaria medicina china. Este desequilibrio puede surgir a través de diferentes impactos traumáticos, ya desde nuestra concepción y nacimiento, diferentes etapas de nuestra biografía o cargas transgeneracionales.

Al tratar al enfermo, además de los remedios para su estado físico, es imprescindible encontrar el origen de la enfermedad para poder restablecer la salud desde sus cimientos.

La gestación y la forma en la que nacemos juegan un papel importante en nuestra vinculación con la vida y por tanto con nuestra salud. Los mensajes recibidos en el vientre materno, los traumas de la madre y como vive el embarazo son importantes. Un parto prematuro, por cesárea, fórceps, etc. o cuando separan bruscamente al recién nacido de la madre (por ejemplo en parto difícil para atenderla o llevar al bebé a la incubadora) “corta” traumáticamente el vínculo con ella, esto queda grabado en la memoria célular y en algún momento de la vida puede manifestarse a través de una enfermedad.

Otra causa se origina cuando el sujeto es impactado emocionalmente por algún hecho traumático para el que no estaba preparado y no es capaz de resolverlo en el momento. Su cuerpo, a través de la enfermedad trata resolver dicho conflicto o quiere “avisar” de que hay algo pendiente de solución.

Si atendemos al transgeneracional, el desequilibrio suele estar ligado a los conflictos del sistema familiar que quedaron inconclusos o necesitan reparación. En unos casos, a través de la enfermedad de algún miembro posterior, el sistema quiere incluir lo que quedó separado, es decir, si algún miembro del sistema familiar fue excluido, juzgado o no respetado en su destino. En otros casos, es la propia persona la que se liga inconscientemente con alguien que murió o quiere morir por alguien: “Yo como tú” o “Yo por ti”.

Por último, no hay que olvidar dinámicas inconscientes ligadas a traumas de vidas pasadas. En este caso la enfermedad llega como llamada de atención y superación. No es un castigo del karma, es una elección del individuo para aprendizaje a través de la experimentación. Este aprendizaje alcanza a las personas que rodean al enfermo.

Como vemos llegar al origen de la enfermedad es un proceso complejo al que hay que prestar atención. Puede estar ligada a uno o varios de los apartados anteriores. Pasado, presente y futuro están íntimamente relacionados.

Algunas vivencias y traumas del presente nos llevan directamente a vivencias del pasado “activan un recuerdo traumático” del pasado y eso desencadena directamente en la enfermedad como llamada para poder resolver el conflicto presente y el pasado, abriendo así el camino a una sanación más profunda.

No hay que intentar deshacerse de la enfermedad ni luchar con ella. Hay que entenderla, negociar con ella, saber qué mensaje tiene para nosotros. Esta es una forma adulta de afrontar la enfermedad, desprovista de victimismo, que nos hace conectar con nuestra fuerza plena. Quizá así su función ya no sea necesaria y decida retirarse.

Mª Milagros Estanislao Quintanilla
Consteladora y Coach Personal